_de vuelta en casa
Me fui un rato.
Me perdí en esta desestabilidad que no da sosiego, desesperado por no hallar el plano del suelo que piso.
Mi estadía se volvió insoportable;
era como vivir con el acecho constante de una muerte sangrienta aún sin resolver,
ahí, asomándose a la ventana.
Y la quedé.
Porfiado, exigiéndole respuestas a un herido que lo único que busca es que lo dejen sanar.
Atascado. Inescrupuloso me pongo a jurungar los papeles y las memorias,
y no sueltan nada; solo me perpetúan en esta vigilia eterna, a la espera de nada.
Es que lo que uno busca no siempre es lo que uno necesita.
Pero, ¿cómo voy a entender mis necesidades cuando me las cambiaron tan de golpe?
Veo las fotos y no me hayo en el espejo. Me hablan crecimiento, pero, ¿cómo se alude a eso cuando uno está tan roto?
Es arrecho querer emparapetarse cuando el desorden de adentro no te deja ni respirar.
Y me ahogué, Agoté los recursos y las puertas se me cerraron.
Soy un desconocido hasta para mí mismo, todo medicado, bobo y sedado por meses, sin raciocinio, y aún con el ruido encendido del llanto que añora todo lo perdido.
Verga, cómo extraño estar en carretera.
Extraño andar perdido manejando (o explorando, digo yo), en tierra de quién sabe quién,
descubriendo esos lugares con alma de paz que me devolvían al centro, silenciando lo que no vale la pena para entender dónde estoy parado antes de agarrar camino.
Pero ya no ando por allá . Ahora estoy de vuelta en esta maldita casa:
colgado en el tiempo y con el agua al cuello.
Me perdí en esta desestabilidad que no da sosiego, desesperado por no hallar el plano del suelo que piso.
Seis días le quedan al mes. Cien en la cuenta y sin saber pa’ donde ir.
Y el trabajito que por años me hizo feliz… este nuevo personaje ya no es capaz de hacerlo.
“Y eso está bien”
“Lo que sientes es válido”
“No te estreses”.
Tengo un cerro de opciones en frente,
y los problemas son inmedibles, urgentes.
Y yo aquí namás pensando:
¿Qué toca hacer ahora?
